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23/07 - 1/08: Los Roques (1 de 2)

En ocho horas y media nos plantamos en Caracas donde pasaremos la primera noche.
Nuestro hotel se encuentra cerca del aeropuerto y no en el centro de Caracas ya que, a principios de año, se cayó un viaducto que conectaba por autovía el aeropuerto con el centro y la carretera secundaria no puede absorber el denso tráfico que tenía la autovía, formándose atascos eternos.


Pasamos la tarde en la piscina del hotel, cenamos en un restaurante cercano y nos acostamos pronto porque el día ha sido muy largo.


A primera hora de la mañana volamos hacia Los Roques en un bimotor de unas 15 plazas. El vuelo por el archipiélago es impresionante: aguas turquesas, islas diminutas, playas de arena blanca, en fin, una maravilla.


Toda la población de Los Roques (unos 3.000 habitantes) se concentra en la única isla habitada del archipiélago (Gran Roque).


Al contrario de lo que se podría pensar por su carácter "exclusivo", al menos para los venezolanos para la mayoría de los cuales resulta un lugar inaccesible, Los Roques no cuenta con hoteles. Todo el turismo se concentra en algo más de 60 pequeñas posadas con ambiente casi familiar lo que incrementa el encanto del archipiélago.


Nada más llegar y sin tiempo a dejar las maletas en la posada, nos llevan al centro de buceo para iniciar la secuencia diaria que repetiríamos durante los siete días siguientes.


En los Roques hay dos zonas principales de buceo: una en los alrededores de Gran Roque a unos 10 o 15 minutos de navegación y otra en el extremo opuesto del archipiélago, al Sur, a una hora aproximadamente.


Cada día realizamos dos inmersiones. Entre ambas, descansamos en alguna de las playas cercanas a los puntos de inmersión y aprovechamos para comer unos sandwiches y snacks para recuperar energía. Hay que tener especial cuidado con el sol porque estamos prácticamente en el Ecuador y el sol es francamente fuerte.